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Gabriel Navarro Entradas

El 10% y la ignorancia pluralista

Entre las incógnitas sobre qué conducta social adoptan los ciudadanos frente a los cambios sociales que surgen ante condiciones insatisfactorias, o frente a las diversas opciones políticas que aparecen en un momento dado como alternativas a los modelos tradicionales, destacan dos aspectos: por un lado, la complacencia por una mayoría de la población que continúa eligiendo a quienes ejecutan políticas que afectan negativamente a su propio bienestar, por otro,  el potencial efecto multiplicador de ideas novedosas que son defendidas por colectivos minoritarios en el escenario político.

Sin duda hay muchos ciudadanos que, independientemente de cómo les afecte personalmente la gestión del partido político que han votado, volverían a elegirlo al coincidir con su ideología y sus mensajes. Pero también hay una gran cantidad de sujetos cuya conducta electoral viene determinada por la presión social de su entorno, por la necesidad de pertenencia al colectivo ganador y de identidad con su comunidad más próxima, a pesar de las dudas en las que se vea inmerso; o bien perciben este panorama con tal ambigüedad, que deciden abstenerse de votar o de participar en dirección contraria. Son procesos de acomodación muy humanos que, en parte, responden a lo que algunos sociólogos denominan efecto de “ignorancia pluralista”, como consecuencia de la deficiente interpretación del espectador de un suceso, causada por la confianza en lo que hacen o dicen los demás aún cuando nadie sabe realmente lo que está pasando.

Conectando en la Plaza del Ayuntamiento. Foto: Gabriel Navarro
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La tregua como un viaje interior

“Estoy seguro de que tanto en el corazón del vacío como en el corazón de los hombres hay fuegos ardiendo.”
YVES KLEIN

Hacía tiempo que una exposición no me provocaba el reto de verme inmerso en la confrontación de un viaje interior de inusual recorrido. Sensaciones que no solemos encontrar en nuestros hábitos cotidianos entre los que articulamos mecanismos para evitar escenarios que nos sorprendan y puedan alterar la misión de nuestro trabajo, de nuestra familia y amigos, de nuestro entorno.

Casi siempre, cualquier obra artística que se precie de serla nos incita alguna clase de emociones e ideas de signo diverso, y a veces contradictorios, pero no todas poseen la facultad de impulsarnos hacia trayectorias donde lo íntimo y el espacio donde se desenvuelve la obra y nuestros cuerpos consiguen una sintonía única. Y esas sensaciones las he podido vivir y disfrutar con la insólita obra “La Tregua” de Ángel Haro en La Tabacalera, Espacio de Promoción de Arte. Con la oportunidad añadida de visitarla en un momento inicial, sin haber leído nada sobre ella, ni los contenidos de su interesante catálogo, ni lo publicado en los medios. Sabiendo, nada más, que se trataba de un encargo al artista para invadir y crear en el gran vacío del espacio laberíntico de La Tabacalera. Y volver a recorrerla, a continuación, con el propio autor escuchando sus motivaciones creativas, sus retos, sus intenciones con el espectador, su visión global y compleja de las vivencias humanas y su representación simbólica, para que sean intuidas, proyectadas o revividas en lo posible por quienes se aventuren a transitar los sucesivos relatos que incorpora en este trayecto.

Era inevitable, al conocer el título de esta obra, pensar en ambientes donde apareciese la hostilidad de los contrarios y su cese, los momentos de confrontación y de paz. Lo que no esperaba era iniciar la OBERTURA con una suerte de naufragio donde los restos de un artesanal y nostálgico barco atunero de Cabo de Palos nos muestran de forma majestuosa sus entrañas, con la huella de la sangre de los peces que almacenó. Un naufragio que puede simbolizar el fin de nuestros proyectos y esperanzas y, al mismo tiempo, el acontecimiento radical para comenzar una nueva aventura. En todo momento en el que vamos rodeando y tocando pieza a pieza los trozos en los que está seccionado este barco, nos sugiere tanto la idea de vulnerabilidad de nuestras vidas, como de recomposición de su conjunto para volver a navegar a pesar de la oscuridad.

OBERTURA - LA TREGUA - ANGEL HARO. Foto: Gabriel Navarro
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El medio como pretexto

(Sobre las recientes declaraciones ante amenazas en Twitter)

Un hecho paradigmático provoca el temor entre cierta clase política, a saber, la capacidad de difusión e interconexión que protagonizamos los ciudadanos gracias al desarrollo, en los últimos años, de aplicaciones de fácil uso en la red Internet y a las posibilidades que nos ofrecen los recursos de la Web Social y su adaptación a los dispositivos móviles.

Un síntoma de ese temor lo observamos en las recientes declaraciones de miembros del gobierno con el efecto posible de restringir la libre expresión en Twitter, a raíz de los insultos y comentarios despreciables e inadmisibles sobre el lamentable asesinato, por venganza personal, de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, en el que están imputadas dos mujeres católicas y militantes del Partido Popular.

Este temor radica en el hecho de que dichos comentarios infames son ya condenables con la legislación actual, sin necesidad de dictaminar ninguna nueva norma que afecte específicamente a un medio como Twitter. Lo que establece el Código penal como injurias y amenazas es suficientemente diáfano y claro para ser aplicado en cada caso. Por lo tanto, lo que provoca alarma parece ser la eventual difusión de unas manifestaciones potencialmente delictivas a través de una plataforma de redes sociales, y no el hecho delictivo en sí mismo que puede mostrarse en cualquier entorno, ya sea cara a cara, ya a través de la televisión, de la radio o la prensa, ya sea en Internet.

Piar fuera es menos malo que en Twitter (foto: Gabriel Navarro)
Piar fuera es menos malo que en Twitter (foto: Gabriel Navarro)
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Generación Antidepresiva, ¿una tendencia?

A lo largo de la historia las sucesivas generaciones de jóvenes han recibido diversas definiciones al objeto de construir calificativos simples que permitan caracterizarlos y diferenciarlas entre unas y otras. En unos casos dichos calificativos responden a un acontecimiento destacado en un periodo concreto asociándolo a las cohortes de jóvenes coetáneas, por ejemplo, los “Baby Boom”. En otros casos, se elige por parte de algunos autores o expertos de la comunidad científica, un aspecto destacable de los estilos de comportamiento predominantes de una generación para intentar describir su característica principal, por ejemplo “Generación Net”, aun a riesgo de simplificar excesivamente su naturaleza.

Lo fascinante, a veces, es encontrarnos con análisis certeros de lo que acontece entre algunos sectores de la juventud que podrían fácilmente generalizarse incorrectamente como calificaciones al conjunto de toda una generación de jóvenes, convirtiéndose en un nuevo estigma social. Aunque, en casos, constituye un serio aviso, como tendencia, de las vicisitudes que pueden sufrir nuestros jóvenes en tanto no se cambie el contexto y las condiciones sociales que viven.

Un interesante argumento plantea la doctora Doris Iarovici en un reciente artículo[1] publicado en The New York Times, al cuestionarse si no estamos promoviendo una “Generación Antidepresiva”. Los antidepresivos constituyen un tratamiento adecuado para la depresión y la ansiedad. Pero un número creciente de jóvenes adultos están tomando medicamentos psiquiátricos por períodos cada vez más largos, durante un periodo en el que también se están consolidando sus identidades, haciendo planes para el futuro y desarrollando su travesía por las relaciones maduras. Y se pregunta: ¿Estamos usando una buena evidencia científica para tomar decisiones acerca de mantener a estos jóvenes con los antidepresivos? ¿O estamos enseñando a las generaciones futuras, de forma inadvertida, a verse como demasiado frágil para hacer frente a la adversidad que la vida trae siempre?

Frente a la diversidad creativa de la adversidad
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Notas sobre Colaboración y Gobierno Abierto

La tercera noción fundamental en la que se apoya la doctrina política y administrativa de “Gobierno Abierto” es la de colaboración. Tal y como vimos en los Conceptos básicos sobre Gobierno Abierto, según el memorando de Obama: “La colaboración supone la cooperación no sólo con la ciudadanía, sino también con las empresas, las asociaciones y demás agentes, y permite el trabajo conjunto dentro de la propia Administración entre sus empleados y con otras Administraciones.”

Este principio de colaboración implica posibilitar la apertura a la necesaria colaboración que se requiere para encontrar mejores soluciones a problemas públicos cada vez más complejos, aprovechando el potencial y energías disponibles en vastos sectores de la sociedad y, por qué no, también en el mercado, organizaciones de voluntariado y sin fines de lucro (Ramírez-Alujas, 2011) [1]. Lo que expresa es que los gobiernos nacionales, regionales y locales pueden colaborar entre sí, con la empresa privada y con sus ciudadanos, aportándose herramientas innovadoras y nuevos métodos de trabajo colaborativos y generándose además nuevos mercados para un nuevo sector económico sostenible y replicable (Calderón y Lorenzo, 2010) [2]. En este contexto, los cuatro estados de la colaboración (Concha y Náser, 2012:42) [3] son:

– Colaboración gubernamental.
– Colaboración con la sociedad civil.
– Colaboración con la empresa privada y los emprendedores.
– Colaboración con los ciudadanos.

Portal OGov Ayuntamiento de Zaragoza
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