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Categoría: Psicología

El 10% y la ignorancia pluralista

Entre las incógnitas sobre qué conducta social adoptan los ciudadanos frente a los cambios sociales que surgen ante condiciones insatisfactorias, o frente a las diversas opciones políticas que aparecen en un momento dado como alternativas a los modelos tradicionales, destacan dos aspectos: por un lado, la complacencia por una mayoría de la población que continúa eligiendo a quienes ejecutan políticas que afectan negativamente a su propio bienestar, por otro,  el potencial efecto multiplicador de ideas novedosas que son defendidas por colectivos minoritarios en el escenario político.

Sin duda hay muchos ciudadanos que, independientemente de cómo les afecte personalmente la gestión del partido político que han votado, volverían a elegirlo al coincidir con su ideología y sus mensajes. Pero también hay una gran cantidad de sujetos cuya conducta electoral viene determinada por la presión social de su entorno, por la necesidad de pertenencia al colectivo ganador y de identidad con su comunidad más próxima, a pesar de las dudas en las que se vea inmerso; o bien perciben este panorama con tal ambigüedad, que deciden abstenerse de votar o de participar en dirección contraria. Son procesos de acomodación muy humanos que, en parte, responden a lo que algunos sociólogos denominan efecto de “ignorancia pluralista”, como consecuencia de la deficiente interpretación del espectador de un suceso, causada por la confianza en lo que hacen o dicen los demás aún cuando nadie sabe realmente lo que está pasando.

Conectando en la Plaza del Ayuntamiento. Foto: Gabriel Navarro
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Generación Antidepresiva, ¿una tendencia?

A lo largo de la historia las sucesivas generaciones de jóvenes han recibido diversas definiciones al objeto de construir calificativos simples que permitan caracterizarlos y diferenciarlas entre unas y otras. En unos casos dichos calificativos responden a un acontecimiento destacado en un periodo concreto asociándolo a las cohortes de jóvenes coetáneas, por ejemplo, los “Baby Boom”. En otros casos, se elige por parte de algunos autores o expertos de la comunidad científica, un aspecto destacable de los estilos de comportamiento predominantes de una generación para intentar describir su característica principal, por ejemplo “Generación Net”, aun a riesgo de simplificar excesivamente su naturaleza.

Lo fascinante, a veces, es encontrarnos con análisis certeros de lo que acontece entre algunos sectores de la juventud que podrían fácilmente generalizarse incorrectamente como calificaciones al conjunto de toda una generación de jóvenes, convirtiéndose en un nuevo estigma social. Aunque, en casos, constituye un serio aviso, como tendencia, de las vicisitudes que pueden sufrir nuestros jóvenes en tanto no se cambie el contexto y las condiciones sociales que viven.

Un interesante argumento plantea la doctora Doris Iarovici en un reciente artículo[1] publicado en The New York Times, al cuestionarse si no estamos promoviendo una “Generación Antidepresiva”. Los antidepresivos constituyen un tratamiento adecuado para la depresión y la ansiedad. Pero un número creciente de jóvenes adultos están tomando medicamentos psiquiátricos por períodos cada vez más largos, durante un periodo en el que también se están consolidando sus identidades, haciendo planes para el futuro y desarrollando su travesía por las relaciones maduras. Y se pregunta: ¿Estamos usando una buena evidencia científica para tomar decisiones acerca de mantener a estos jóvenes con los antidepresivos? ¿O estamos enseñando a las generaciones futuras, de forma inadvertida, a verse como demasiado frágil para hacer frente a la adversidad que la vida trae siempre?

Frente a la diversidad creativa de la adversidad
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Mi alma en el móvil ( #25N )

Alarga el brazo al máximo. Tiene que hacerlo si quiere que la foto salga completa. Y se coloca frente al espejo para que refleje mejor la luz del techo. Ya lo había practicado muchas veces. Al principio le hizo gracia saber que sus amigas, que también lo hacen, llamaban a esa manera particular de hacerse fotos a sí mismas como “canishots”, es decir, las penosas autofotos que los “canis” y las “yenis” se hacen a sí mismos en algunas escenas chistosas y supuestamente graciosas. Pero también conoce, porque lo encontró en Internet, que en todo el mundo se llaman “selfie” , fotografías que uno toma de sí mismo, normalmente extendiendo el brazo con un teléfono smartphone, y que se cuelga en una web de redes sociales, o se envía a otros amigos por Whatsapp.

Pero ahora esta foto no tiene mucha gracia. Tiene que mostrar claramente cómo está maquillada. Tiene que verse bien con detalle que la blusa y la falda son bonitas, pero no superan el límite para que no aparezca como una fresca. Para que no la llame puta su novio, quién está esperando ansioso recibir esa foto para decidir si la permite salir así vestida a la fiesta con los demás de la pandilla. Es que, piensa ella, su novio la quiere mucho. Está loco por ella. Por eso le muestra día tras día sus celos como un tío de verdad. Está pendiente de ella, le regala de vez en cuando unos pendientes, le manda también él sus fotos de cómo se va a vestir en alguna ocasión. Aunque ella no puede juzgar su vestimenta, ella siempre le dice que es un tío guapo. Y cada vez que recibe un mensaje en el móvil expresándole que piensa en ella y preguntándole dónde está, se siente una mujer querida y deseada. Otras de su clase no lo consiguen.

Mi alma en el móvil Mi alma en el móvil. Foto: Gabriel Navarro
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Entre murciélagos

Cada vez son más los casos de mujeres jóvenes que llegan a los centros de la mujer y a los programas de las asociaciones para ser atendidas por violencia de género, lo observamos en el trabajo con jóvenes y nos lo confirma Mª Jesús Girona, presidenta de la Federación de Mujeres Jóvenes, asegurando que las conductas machistas están muy presentes en los adolescentes, a quienes les cuesta identificar estos comportamientos como violencia.

La violencia de género entre los jóvenes se ha transformado, hay conductas agresivas pero predominan las de carácter psicológico: mediante seguimientos, acoso, control sobre dónde está la persona, o la ropa o el maquillaje y si habla con alguien. Aspectos vinculados a los celos, que van en aumento. Y los dispositivos tecnológicos y las redes sociales se utilizan como artefactos de control, manipulación y vigilancia. “Ya hay hasta un dispositivo en los móviles que te permite saber dónde está tu pareja en cada momento”, señala Girona.

Algo que no entienden fácilmente los jóvenes es que antes de la violencia física hay otra psicológica, y que cuesta erradicarla por su dificultad de identificarla. Las adolescentes hacen suyo el modelo de amor romántico que se vende en la sociedad: el hombre es dominante y la mujer sumisa. Como expresa el antropólogo Ashley Montagu [i] “al amor se le ha atribuido una significación ritual, pero casi nunca ha expresado su significado real como compromiso en el sentido de algo que se practica, de algo que es parte de nuestro comportamiento diario”.

Acceso a mina en Peñas Blancas (foto: Gabriel Navarro)
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Colores para un Silencio

Me encanta la música, pero en muchos momentos anhelo un espacio de silencio. Y digo “espacio” y no momento, porque así es como yo lo vivo, un espacio silencioso que logro crear a mi alrededor y que altera la habitual sensación de paso del tiempo. Siempre me espeluznó (aunque pueda interpretar sus causas) la escena de aquellas personas que, estando solas, para poder evadir o soportar su angustia, o no encontrarse con su propia realidad, permanecen en sus casas con la televisión o la radio constantemente encendidas, aunque no miren ni escuchen lo que emiten. Tampoco entiendo la opinión que quienes consideran la ausencia de ruido como sinónimo de que algo inútil está sucediendo. Y uno de los momentos más satisfactorios para mí es cuando hago senderismo o paseos por el campo con acompañantes que comparten el silencio de las sendas, y que no se ven obligados a hablar más allá de la expresión de bienestar que provoca el solaz de una visión de un paisaje, de una flor o de unas rocas.

El silencio nos permite observar, analizar, organizar y asimilar las ideas y las experiencias con mayor profundidad y procesar con mayor fluidez la información, a través del silencio tenemos acceso a nuestro subconsciente, y nos permite utilizar mejor la intuición y la creatividad. Y es fundamental para encontrarse consigo mismo, para conocerse y profundizar en el sentido de nuestra vida.

En una entrevista[i], Gordon Hempton manifestaba: “La gente teme al silencio como teme a la oscuridad. En el fondo, es un temor a lo desconocido, porque nos hemos habituado a vivir entre ruidos… Tenemos que aprender a escuchar el silencio y lo que viene después del silencio: esa sucesión de pequeños e infinitos sonidos, que son el pálpito del maravilloso planeta en el que vivimos”. Una de las cualidades más admirables de la obra de este autor es su capacidad para captar los sonidos naturales mediante grabaciones de campo apoyándose poco en la post-producción[ii] y en su filosofía de vida expresa que: “una ciudad será agradable para los seres humanos únicamente cuando podamos oír las suelas de nuestros zapatos tocar el cemento, o cuando podamos hablar entre nosotros sin alzar la voz».

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