Un matiz sobre jóvenes y brecha digital
por: Gabriel Navarro

Existe una convención generalizada de que la brecha digital es fundamentalmente generacional y no se explica por razones de origen social, renta o género. Y cobra especial relevancia el concepto de: Brecha digital generacional.

Así, nos encontramos con ideas fuerza como: “También hoy el concepto de “brecha digital”, que expresaba una preocupación en torno al cambio de siglo, ha perdido toda su carga. La “brecha” cuando existe lo es en sentido generacional, entre los “más mayores” y las personas jóvenes, y no tanto en sentido horizontal. …. El acceso a las tecnologías aparece cada vez más desvinculado de su relación con la renta, o el sexo.” (Espín, 2011)[i]

Dándose, también, el caso de autores relevantes como Castells quien señalaba hace unos años que “La brecha digital no existe”. Aún reconociendo que sí hay desigualdad en Internet. “Pero si ves la que hay con ir al teatro o comprar libros, hay más desigualdad en las viejas culturas que en la nueva tecnología”, según este experto sociólogo.

Pero esta idea, que constituye una muestra palpable de la realidad en el uso y la inmersión de los diferentes sectores de población en las tecnologías de la información, no deja de ser parcial.

Esta clase de afirmaciones, que se convierten a menudo en atractivos titulares de prensa, además de expresar un hecho social irrefutable pueden encubrir, sin desearlo, aspectos diferenciales significativos en los procesos de exclusión o, de inclusión limitada y precaria, respecto al uso e integración de las TIC en la vida cotidiana de los jóvenes más desfavorecidos. Y por ello considero necesario contemplar algunas matizaciones al respecto.

Entre las diversas definiciones de “brecha digital”, destacaríamos la ofrecida por Busquet y Uribe (2011): “Entendemos por brecha digital la desigualdad provocada por el advenimiento de la denominada sociedad de la información entre los individuos o los grupos de población que tienen acceso y los que no tienen acceso a Internet y a las TIC. Lo cual no se ha de afrontar solamente con inversiones tecnológicas y medidas de promoción al acceso digital, sino también con políticas que se dirijan directamente a combatir el problema inicial, las causas de la desigualdad y la pobreza.” [ii]

Estos investigadores hablan de una “segunda brecha digital” que se produce en el momento que las infraestructuras permiten una conexión de todo el territorio, pero que no obstante se constatan todavía notables diferencias en el tipo de acceso y en el uso de las TIC. El factor más llamativo que explica esta brecha es la edad, pero existen otros factores de carácter cultural y económico que también inciden en dicha fractura. La segunda brecha tiene un componente marcadamente generacional y comporta una cuestión de alfabetización (digital literacy) relacionada a la capacidad de uso de la tecnología.

La diferencia clara entre adultos y jóvenes podría ser explicada por la disponibilidad de la tecnología. Una disponibilidad que ha aumentado significativamente en los hogares españoles. Según se expresa en el Boletín informativo del INE 17/5/2012: “17 de mayo: Día de Internet: España y las TIC en la Unión Europea.”, la proporción de hogares de la UE con acceso a Internet ha aumentado 24 puntos porcentuales desde 2006 a 2011, situándose en el último año en el 73%. En España, la evolución ha sido aún mayor, con un incremento del 39% al 64% durante este periodo. En 2011, tienen acceso a Internet 800.000 hogares más con respecto al año anterior.

El 87% de los menores españoles de 10 a 15 años ha utilizado Internet en 2011. Nueve de cada diez jóvenes de 16 a 24 años de la UE utiliza Internet al menos una vez a la semana. Mientras que solo el 40% de las personas de 55 a 74 años lo utiliza. En relación al nivel de estudios, el porcentaje de personas con estudios superiores que se conecta a Internet supera en algo más del doble al de las personas con educación obligatoria.

Esta disponibilidad de equipamientos TIC influye también en la evolución de las prácticas de los diferentes segmentos de población. Según los datos del último estudio de Audiencia de Internet en el EGM (Octubre-Noviembre 2012) de la Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC):

El 61,4% de ciudadanos mayores de 14 años accede a Internet en España. Y por franjas de edad esta es la distribución porcentual entre los sectores de población:

  • de 14 a 19 años = 10,4%
  • de 20 a 24 años = 9,7%
  • de 25 a 34 años = 25,4%
  • de 35 a 44 años = 23,9%
  • de 45 a 54 años = 15,7%
  • de 55 a 64 años = 8,3%
  • de 65 años y más = 6,7%

La tendencia que se observa, según los datos de AIMC desde 2008 hasta 2012, es que crecen, porcentualmente, los usuarios de más de 65 años y aquéllos de entre 55 y 64 años, y disminuyen los usuarios de los demás segmentos de edad, y se mantiene estable la proporción de jóvenes de entre 14 y 19 años de edad.

Esta evolución es, por lo demás, algo totalmente natural y esperable, a saber, los abuelos y las abuelas suelen tenerle miedo a las tecnologías digitales y sienten verdadero vértigo cuando les acercamos a ellas. Pero cuando “logran vencer este primer encontronazo con la tecnología y la asumen como algo de su interés, se despierta en ellos una gran motivación por saber más y más sobre ella.”

Este leve crecimiento también se observa en los datos elaborados por Blanco (2012) [iii] para el “Informe España 2012” de la Fundación Encuentro, aunque la diferencia entre el porcentaje de jóvenes que usan Internet y el de mayores de 55 años continúa siendo aún enorme, tal y como puede comprobarse en la tabla siguiente:

Evolución uso de Internet por franjas de edad 2012

Aquí emerge notablemente el protagonismo de los denominados Nativos digitales. El ya famoso concepto propuesto por Marc Prensky (2001)[iv], que ha sido revisado y cuestionado por diversos autores, como veremos a continuación. Su impacto ha sido tal que cuesta entender una imagen social de los jóvenes que exprese limitaciones respecto al uso de las TIC. Pero ¿acaso no podemos encontrar jóvenes de 17 años que aún teniendo acceso a las TIC, su uso sea excesivamente limitado o marginal debido a su contexto social, cultural y económico?

Muy acertadamente Gabelas y Hergueta (2012)[v] nos lanzan una serie de cuestiones esenciales para abordar adecuadamente la realidad de este concepto de Nativos Digitales:

“Cuando hablamos de nativos e inmigrantes digitales ¿cuántos tipos y/o clasificaciones podemos hacer? ¿Según su inmersión y/o dieta digital en el entorno? ¿Según las competencias desarrolladas? ¿Según su grado de participación y/o producción? ¿Según el rechazo y el grado de satanización de las nuevas pantallas y sus afectos y efectos? ¿Lo decide la capacidad de adaptación a estas prácticas culturales digitales, nunca TIC? ¿O la capacidad de desaprender para aprender a “leer y escribir” de nuevo? Los matices son infinitos, de modo que nos parece bastante gratuito clasificar a los prosumidores o internautas en nativos y/o inmigrantes, cuando existe una enorme heterogeneidad en sus usos, prácticas, intenciones, niveles y grados de interacción, competencias y convivencia con el nuevo entorno.”

Se siguen considerando medios instrumentales que facilitan la comunicación y el aprendizaje significativo. Pero su uso no nos garantiza nada y no genera nuevos conocimientos, ni un cambio de actitud, ni una evolución en la mentalidad, y no suponen, así usadas, una ayuda para los “nativos” y tampoco un acercamiento a su universo comunicativo, social y cultural. [vi]

Bajo este prisma y siendo juiciosos no debemos, pues, asumir ese discurso ilusorio de que los niños y jóvenes, por el hecho de pertenecer al colectivo de “nativos digitales” y dominar con más soltura las prácticas de uso esenciales de los diversos dispositivos (móviles, tablets, PCs,) no necesitan ninguna clase de orientación y apoyo. Ni tampoco caer en planteamientos negativos o cuasi-apocalípticos como el que nos habla J. López Ponce: No hay generación X o Y, únicamente una generación cautiva. Según el estudio A Tethered World (un mundo cautivo) la mayoría de los estudiantes que han participado en este estudio internacional comparten unos hábitos y pautas uniformes en su relación con el smartphone a pesar de la heterogeneidad cultural que se le presupone a dichos participantes. En general, de acuerdo a sus conclusiones, se manifiesta como tendencia que los estudiantes son cautivos de sus dispositivos y, al mismo tiempo, de los amigos que contactan a través de ellos. Es decir una especie de burbuja virtual que les aísla de su contacto con la realidad más inmediata.

Aunque esta clase de investigaciones comprendan parte de razón en la descripción y análisis de algunos de los comportamientos sociales que provocan estos dispositivos TIC, sería más lógico apuntalar los efectos positivos que provocan al generar nuevas formas de interacción social que hasta hace unos años eran impensables.

En este marco, al abordar la brecha digital entre los nativos versus los inmigrantes digitales debemos plantearnos cuáles son las habilidades y competencias que estamos comparando: las estrictamente tecnológicas, de uso, o las de manejo y administración de la información. Más allá de la sofisticación de la herramienta, la sofisticación del uso que se le da a la misma. Y contar, a su vez, con nuevos conceptos alrededor de generar competencia y valor: como los capitales de red social y cómo se potencia la socialización. (Busquet y Uribe, 2011) [vii]

Otro enfoque que nos suscita especial atención es la reflexión de que recurriendo a la apariencia de un problema de relaciones generacionales (y de edad), se enmascaran estrategias de reproducción de clase que tratan de evitar la movilidad social (y los cambios en el sistema de estratificación e identidad de status) que las TIC han provocado en otros países. (Comas, 2011)[viii]

Una idea que parte de la hipótesis de que la relación de la sociedad española con las TIC, se puede explicar e interpretar desde la perspectiva del temor a que la “revolución digital” y el cambio social asociado a la misma, produzcan efectos indeseados sobre la estabilidad del sistema de clases, es decir, que trastoquen las reglas del modelo identitario de estratificación social a la española y produzcan una fase de confusión en los status sociales, lo cual, en nuestro país, suele resultar siempre muy conflictivo. (Comas, 2011)[ix] Una suerte de  estrategia en la que se trataría de convertir el futuro tecnológico en una amenaza, que retrae a las personas y que disminuye el interés por participar o emprender en este futuro. Y esas amenazas se transmiten a los jóvenes, de un lado, como miedos ante los riesgos que puedan acontecer en un futuro incierto y, por otro, por las altas expectativas que la sociedad (o la familia de pertenencia) espera de ellos en el uso fundamentalmente ocioso de las TIC –y no solo en este ámbito- :

“Pues si eres joven y no tienes móvil, no estás en las redes sociales, no pirateas música y la escuchas en tu MP3, no haces tus trabajos gracias a Internet, no demuestras en casa que eres la única persona que sabe manejar los aparatos, pues muy mal.” [x]

Y, junto a estos enfoques, tendríamos que resaltar el hecho de que las condiciones socio-económicas constituyen un factor determinante en el acceso y en los tipos de prácticas de uso de las TIC. En el informe sobre los consumos de servicios de telecomunicaciones en los hogares españoles titulado “Una radiografía del consumo de telecomunicaciones”, publicado el 16 febrero 2012 por la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) se destaca que los “condicionantes sociales” también son un elemento clave en el acceso a la red, ya que la penetración de Internet en los hogares de clase alta, que era del 74,2%, prácticamente doblaba a la de hogares de clase social baja y media baja. Una razón para no contratar un acceso a Internet es, para la mitad de los que no tienen este servicio, el no poseer un ordenador. Para una cuarta parte, porque es caro.

Si observamos el siguiente gráfico comparativo entre España y la UE sobre el uso de INTERNET por la población desfavorecida (personas con al menos una de las siguientes características: 55-74 años, con un nivel de educación ISCED 0-2 -hasta estudios obligatorios- y/o fuera del mercado laboral), publicado en el informe de ONTSI “Indicadores destacados de la Sociedad de la Información en España (noviembre 2012)”,  podemos comprobar cómo aún existe una brecha importante entre nuestro país y el resto de la Unión Europea, y estamos a 15 puntos porcentuales de conseguir la meta de e-inclusión en el 2015, más del doble que la media europea. Y esta “brecha digital” sí que es preocupante.

Población desfavorecida en Acceso a Internet. España-UE

Los diferentes puntos de vista sobre la “brecha digital generacional” ocultan, por otra parte, aspectos significativos de la fractura que acontece en el uso de las TIC en el ámbito intra-generacional. Lo que considero un matiz particular especialmente necesario a la hora de abordar con profundidad este tema.

Conforme a estudios recientes, en el caso de Francia, las desigualdades intra-generacionales de los jóvenes se agravan sobre el fondo de la crisis económica, pasando la línea de fractura principalmente por la titulación obtenida. Se encuentran estas divisiones en las prácticas de los jóvenes en materia de información y de Internet. Así, mientras que se reducen las diferencias de brecha digital en cuanto al nivel de equipamientos, en lo referente a los usos, el nivel de titulación influye sobre todo en la intensidad de la práctica de Internet. Y la edad y también el mayor nivel de titulación explican si se frecuenta o no las redes sociales. (Marquie, 2012)[xi]

En el informe del CREDOC de 2012 sobre la difusión de las TIC en la sociedad francesa (Bigot, y Croutte, 2012), se habla de “Natifs ou naïfs numériques?” (Nativos Digitales o Ingenuos Digitales) confrontando estas definiciones a la constatación de que las “desigualdades digitales” se ubican, en realidad, en términos de desigualdad social. Algunos jóvenes utilizan las TIC, pero no hacen muchas cosas con ellas (naïfs numériques) Los que más se benefician del uso de la tecnología digital tienen capital social, capital humano, capital financiero.[xii] En cuanto al de uso de Internet la encuesta realizada por CREDOC revela que, en torno a 16 prácticas analizadas, los comprendidos entre 18-24 años de edad se reivindican como los que más las realizan (8,7 en promedio). En cambio, los de más de 70 años (1,3) y los no titulados (2,2) se declaran entre quienes menos las hacen. Esta encuesta confirma que la brecha digital se refiere en mayor medida a los tipos de uso de las TIC.[xiii]

En el caso de los jóvenes de Bélgica, quienes tienen entre 16 y 25 años de edad, lejos de pertenecer a un sector homogéneo de la población, muestran una diversidad enorme de situaciones y características (de forma similar, creo, que en el resto de países europeos), existe una distancia evidente entre las prácticas de los jóvenes desfavorecidos y las expectativas que espera de ellos la sociedad respecto al uso de las TIC (Valenduc, 2012)[xiv]. El 33% de los jóvenes en este grupo de edad sienten que sus habilidades en el uso de TIC son insuficientes para las necesidades del mercado de trabajo. Es importante contemplar no sólo las habilidades instrumentales, sino también, y sobre todo las competencias informacionales, que le permiten seleccionar y procesar contenidos digitales y competencias estratégicas, lo que permite el uso de las TIC al servicio de los objetivos personales o profesionales, individuales o colectivos. [xv]

Según Valenduc (2012), las competencias de información y las habilidades estratégicas están muy desigualmente distribuidas. Así, mientras que algunos jóvenes eligen sus preferencias entre las diferentes funciones de la red Internet y son “capaces de evolucionar” en función de las circunstancias, otros se limitan a los “usos limitados” de entretenimiento audiovisual y la comunicación instantánea. El reto de la inclusión digital de los jóvenes consiste en construir puentes entre estos dos mundos. Para construir estos puentes, se deben hacer esfuerzos por ambas partes. Es importante que los responsables de la asistencia social y de la educación de los jóvenes estén familiarizados con el comportamiento y la cultura digital de los jóvenes, valorizando particularmente el conocimiento y las competencias de los propios jóvenes.

A diferencia de otros grupos de edad, las TIC para los jóvenes son mucho más que una forma de comunicarse y aprender sobre el mundo que les rodea. Internet es también una herramienta para el desarrollo y el crecimiento personal, como lo demuestran sus actividades apoyadas en los sitios de redes sociales.

Estas circunstancias referentes a los jóvenes de países de nuestro entorno, considero que no son ajenas a los jóvenes de nuestro país. Sabemos que muchos de nuestros adolescentes consumen y manejan las TIC pero en muchas ocasiones no aprenden a servirse de ellas para ampliar sus conocimientos o pensar en su futuro. Y sería deseable que en los futuros estudios e informes en los que se pretenda investigar la “brecha digital generacional” se contemple, también, este componente fundamental de desigualdad social determinado por el nivel de estudios y por las condiciones socio-económicas. Perfilando con mayor destreza la segmentación que se genera entre los propios jóvenes. Una de las diferencias que se observarán en el futuro estará ligada, con seguridad, a la disponibilidad o no de smartphones a causa del coste de estos dispositivos y/o al precio de sus cuotas, debido al aumento severo del número de jóvenes desempleados o con ingresos familiares insuficientes.

Cuando vemos este panorama en su conjunto no nos extraña, pues, que aparezcan nuevos estudios que destacan las desventajas educativas y sociales por no tener internet, como nos muestra Dolors Reig.

Y frente a ello, vale la pena resaltar iniciativas que atienden a estos sectores juveniles y que incluyen estrategias de alfabetización informacional en procesos de inclusión social [xvi]. E impulsar en mayor medida experiencias como es el caso, entre otras, de ConectaJoven : www.conectajoven.net/index.htm de la Red Conecta.

Otra línea de intervención se debe realizar, ineludiblemente, desde las aulas integrando con mayor intensidad el componente relacional y de aprendizaje colaborativo que permiten las TIC e incorporando, por ejemplo, el teléfono móvil como herramienta pedagógica.[xvii]

REFERENCIAS:

[i] Espín, Manuel (2011): “Ciencia, técnica, ideología, globalidad e igualdad”, en: Revista de Estudios de Juventud Nº 92. Adolescentes digitales. INJUVE. 2011.

[ii] Busquet, J y Uribe, A. C. (2011): “Proyecto AUSTICA. El uso de las TICs y la Brecha Digital entre adultos y adolescentes. Primer avance de resultados.” Ponencia presentada en: Congreso de Educación Mediática y Competencia Digital, Segovia, Octubre de 2011 (disponible en: www.educacionmediatica.es/ )

[iii] Blanco, A. (2012): “Hiperconectados” Capítulo 4: Una sociedad hiperconectada. En: “Informe España 2012″ de la Fundación Encuentro. www.fund-encuentro.org/

[iv] Prensky, M. (2001): “Nativos Digitales e Inmigrantes Digitales”. Adaptación al castellano por SEK (2010) del texto original “Digital Natives, Digital Immigrants” (publicado en: On the Horizon (MCB University Press, Vol. 9 No. 5, October 2001)
www.marcprensky.com/writing/Prensky-NATIVOS%20E%20INMIGRANTES%20DIGITALES%20%28SEK%29.pdf
(accedido el 12 de mayo de 2012)

[v] Gabelas, J.A, y Hergueta, E. (2012): “Ni nativos, ni inmigrantes, ni TIC” (1) educarencomunicacion.com/2012/06/ni-nativos-ni-inmigrantes-ni-tic/ (visitado el 29 de diciembre 2012)

[vi] Gabelas, J.A, y Hergueta, E. (2012) Idem. anterior.

[vii] Busquet, J y Uribe, A. C. (2011): Ídem. anterior

[viii] Comas, D. (2011): “La sociedad española y el proceso de digitalización: ¿Por qué tratamos de confundir a los/las adolescentes?” En: Revista de Estudios de Juventud Nº 92. Adolescentes digitales. INJUVE. 2011

[ix] Comas, D. (2011): Ídem. anterior

[x] Comas, D. (2011): Ídem. anterior

[xi] Marquié, G. (2012). “Jeunesses, information, Internet :évolutions, inégalités, expériences…” Comunicación presentada en: Journée professionnelle des Missions locales franciliennes 14-15 décembre 2012 Paris. Défi métiers www.defi-metiers.fr www.slideshare.net/gmarquie/jeunesses-information-internet-volutions-ingalits-expriences

[xii] Bigot, R. et Croutte, P. (2012). “La diffusion des technologies de l’information et de la communication dans la société française” CRÉDOC (juin 2012) www.credoc.fr/pdf/Sou/Credoc_DiffusiondesTIC_2012.pdf

[xiii] Marquie, G. (2012b): “Internet: évolutions chez les jeunes et inégalités dans les usages.” Rapport de l’enquête annuelle du Crédoc. 17 décembre 2012. www.ressourcesjeunesse.fr/Internet-evolutions-chez-les-12-24.html

[xiv] Valenduc, G. (2012):Qui sont les jeunes off-line en Belgique ? Comment se manifeste la fracture numérique?” En: Les jeunes et les inégalités numériques. 7 juin 2012. Paris. Colloque organisé par Lecture Jeunesse. issuu.com/nanou79/docs/lj_143

[xv] Valenduc, G. (2012): Ídem. Anterior

[xvi] Travieso J.L., y Planella, J. (2008): “La alfabetización digital como factor de inclusión social: una mirada crítica”. En: UOCpapers, n.º 6 2008 ISSN 1885-1541 www.uoc.edu/uocpapers/6/dt/esp/travieso_planella.pdf

[xvii] Llopis, S. (2009): “El teléfono móvil como herramienta pedagógica” En: EDUC@CONTIC www.educacontic.es/blog/el-telefono-movil-como-herramienta-pedagogica

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