Artículos archivados en: Muy personal

Hablando sobre el #20D entre antiguos compañeros de bachiller

Hace más de 40 años un grupo de alumnos del primer Bachiller de Letras que se inició en el Instituto de Enseñanza Media Isaac Peral de Cartagena tuvimos la oportunidad de conocer la cultura romana y helénica en el marco de las clases de Latín y de Griego. Sin duda, algunas de aquéllas clases nos pudieron parecer más o menos atractivas o pesadas, pero entre los buenos profesores que nos enseñaron hubo quienes se esforzaron en transmitirnos ciertos aspectos de la antropología y el contexto social de la sociedad, de los debates y las batallas políticas de aquéllas antiguas épocas para facilitarnos, entre otras cosas, nuestra labor de traducción de los textos clásicos.

Más allá de lo singular de estas enseñanzas, quiero pensar que uno de los efectos que nos provocó esa aproximación a las historias de poder y del ejercicio de la iniciática democracia helena, o el ejemplo del “ágora” como escenario del encuentro y la discusión entre ciudadanos, consistió en marcarnos un referente imaginario de lo que debía esperarse de una conducta moral deseable de los ciudadanos en una sociedad dada. La gran mayoría de nosotros no teníamos conciencia clara de qué era eso de ser ciudadanos, pero nos tocó vivir los últimos años de la dictadura franquista y, posteriormente, el inicio del proceso democrático de nuestro país justo cuando nos despedimos de nuestro Instituto y comenzábamos otra etapa, bien en la universidad o en otros centros educativos, o en el mundo laboral.

A pesar de nuestras notables diferencias personales, de carácter, de ideologías, de trayectorias profesionales, y de estilos de vida que cada uno de aquéllos 22 alumnos del bachiller de letras tenemos (y teníamos ya entonces), hemos mantenido un vínculo cordial, afectuoso y de enorme respeto entre todos, no exento de las complicidades propias de haber convivido en nuestra primera juventud. Cada año nos volvemos a ver, al menos una vez, bastantes de aquél grupo. Y hablamos de casi todo con un especial interés, como si no dejásemos de aprender de y con los otros. A través de whatsapp mantenemos en ocasiones un contacto más inmediato. Y una de las propuestas que emergieron hace un par de días consistía en recoger algunas de nuestras diferentes opiniones sobre las recientes Elecciones Generales del 20D de 2015.

Mi compromiso era presentar en este post algunas de las opiniones de quienes han deseado transmitirlas, guardando en todo caso la privacidad de cada sujeto. Y a continuación las expongo.

Reencuentro Isaac Peral 1968-69 a 1974-75 (2011)b

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En la Calle del Duque de Cartagena

Daba un corto paso tras el otro con lentitud para asegurar que no pudiese resbalar en la cornisa del tejado de la casa vecina, debía andar un poco para llegar a una zona donde el descenso sobre las tejas era más cómodo y, al mismo tiempo, evitar caer hacia el otro lado donde una pared caía recta, cortada, como un muro de cinco plantas de altura, frente al patio de recreo de la Escuela Graduada de la Calle Gisbert, de donde surgía el griterío de los críos. Mi padre sujetaba a mi madre y le tapaba la boca, susurrándole: «no le digas nada ahora, no sea que pierda el equilibrio y se caiga». Y yo, pausadamente, iba tanteando las tejas deslizándome hasta el pequeño patio con algunos juguetes de los hijos de la vecina a quién llamábamos cariñosamente la «tata Isabel», en cuya casa en varias ocasiones nos quedábamos cuando mi madre debía salir. Tenía menos de cinco años y de aquellos pasos equilibristas sólo recuerdo mis ganas de jugar, junto a la seguridad y tranquilidad que tenía de llegar a mi destino. No sospechaba, como es lógico, lo aterrados que estaban mis padres, tanto en esos momentos que descubrieron mi pequeña aventura, como cuando imaginaban aquellas otras veces que habría realizado ese trayecto sin que se hubieran percatado.

Pues yo les conté que, en ocasiones, levantaba un poco la leve rejilla metálica que bordeaba nuestra terraza de la última planta de la Calle del Duque, nº 20, de Cartagena para saltar a los tejados colindantes y asomarme a las lumbreras de los patios de luces, que entonces me parecían luminosas construcciones impresionantes, para mirar abajo, y ver y escuchar a la gente. Ese era parte de mi espacio y de mi mundo infantil. Unas lumbreras que mi padre, el pintor Enrique Gabriel Navarro, plasmó con ternura en un óleo del que siempre lamentó haberse desprendido.

Calle del Duque. Cartagena

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Ya iba siendo hora

Bueno, después de mucho pensar, de ver qué hacen los otros con atención e interés, de comprobar la inmensa capacidad que tiene la gente de crear y aportar cosas, ideas, pensamientos y arte, despues de estar creando lugares web para otros, con sumo placer sin duda, pues me decido ya a mostrar mi propio espacio, mi blog, con la modestia de quien siempre ha disfrutado aprendiendo día a día de quienes me rodean, mis amigos, mis colegas y a quienes he tenido el placer de conectar en el mundo real y el virtual.




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