Impacto de Facebook en la salud mental en jóvenes
por: Gabriel Navarro

Desde hace tiempo se viene argumentando el efecto pernicioso de las plataformas de redes sociales en la salud mental de las personas, sobre todo para los jóvenes. Especialistas como Jean Twenge llevan tiempo publicando investigaciones e informes que apuntan a destacar el perjudicial efecto del uso de los medios digitales y las redes sociales entre los adolescentes y jóvenes (Twenge 2019, 2017). Esta psicóloga social ya nos anunciaba hace años el posible impacto de las TIC en el retraso de la adolescencia entre las nuevas generaciones de jóvenes, al igual que el aumento del malestar mental entre los jóvenes vinculado al proceso de popularización de los dispositivos móviles y las redes sociales en las últimas décadas. Un dato a tener en cuenta es que, en EE.UU. el número total de individuos de entre 18 y 23 años que declararon haber experimentado un episodio depresivo mayor en el último año aumentó un 83% entre 2008 y 2018 (NSDUH, 2019).

En un reciente estudio publicado en agosto de 2021 de Braghieri, L.; Levy, R. y Makarin, A. (2021), se proporcionan unas claras estimaciones del impacto de las redes sociales en la salud mental aprovechando la introducción escalonada de Facebook en 775 universidades de EE. UU, lo cual proporciona una fuente de valoración cuasi experimental en la exposición a los medios sociales que se pueden aprovechar para su identificación, encontrando que «la implantación de Facebook aumentó los síntomas de mala salud mental«.

El análisis aplicado se basa en un diseño de investigación generalizado de «diferencias en diferencias«, en el que una de las dimensiones de la variación es la universidad a la que asiste un estudiante, y la otra dimensión es si el estudiante realizó la encuesta antes o después de la introducción de Facebook en su universidad. La estrategia compara la diferencia antes-después en los resultados de salud mental entre los estudiantes de los colleges universitarios en los que se introdujo Facebook y los estudiantes de aquellos colleges y universidades en los que no cambiaron su estatus de Facebook entre los dos períodos.

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Este análisis se complementa con una especificación que explota la variación en la duración de la exposición a Facebook entre los estudiantes dentro de una universidad y el universo de respuestas a diecisiete oleadas consecutivas de la Evaluación Nacional de Salud Universitaria (NCHA), la encuesta más completa sobre la salud mental y física de los estudiantes, una fuente principal de datos que consiste en más de 430.000 respuestas, disponible en el momento de la expansión de Facebook. Esta encuesta de la NCHA incluye tanto preguntas sobre los síntomas de las enfermedades mentales, como sobre la utilización de los servicios de salud mental. Las variables individuales de salud mental fueron agrupadas en familias anidadas y combinadas en índices: El índice de síntomas de depresión incluye cuestiones que indagan sobre si un estudiante mostró varios síntomas de depresión como sentirse desesperado, abrumado, agotado, muy triste, con una depresión debilitante, si pensó seriamente en suicidarse o si intentó suicidarse. El índice de síntomas de otras condiciones de salud mental incluye preguntas que registran si un estudiante experimentó problemas relacionados con la anorexia, el trastorno de ansiedad, la bulimia y el trastorno de afecto estacional. El índice general de síntomas de mala salud mental abarca ambos conjuntos de síntomas.

Las condiciones de salud mental que muestran estos resultados son principalmente la depresión y los trastornos relacionados con la ansiedad. Los efectos son más fuertes para los estudiantes que son más susceptibles de padecer enfermedades mentales; para esos estudiantes, también observan un aumento significativo de los diagnósticos de depresión, de la realización de psicoterapia para la depresión y del uso de antidepresivos. Uno de sus hallazgos manifiesta que estar expuesto a Facebook durante 5 semestres aumenta la probabilidad de que un estudiante de la muestra tratada sea diagnosticado con depresión en alrededor de un 32%, la probabilidad de que esté en terapia por depresión en alrededor de un 50%, y la probabilidad de que tome antidepresivos en alrededor de un 33%. Por último, encuentran que, tras la introducción de Facebook en sus universidades, los estudiantes informaron de un empeoramiento del rendimiento académico debido específicamente a la mala salud mental.

Gracias a una serie de pruebas adicionales en su investigación, sugieren que los resultados son consistentes con el hecho de que Facebook fomenta y aumenta la capacidad de los estudiantes para realizar «comparaciones sociales desfavorables», (frente a otro factor destacado en esta clase de estudios, como es el uso disruptivo de Internet). Esta conclusión se basa en dos elementos principales. En primer lugar, que los resultados son especialmente pronunciados en el caso de los estudiantes que pueden considerarse a sí mismos como desfavorables con respecto a sus compañeros, como los estudiantes que viven fuera del campus -y, por lo tanto, tienen más probabilidades de ser excluidos de las actividades sociales del campus-, los estudiantes con sobrepeso, los estudiantes de menor nivel socioeconómico y los estudiantes que no pertenecen a fraternidades. En segundo lugar, que la introducción de Facebook afectó directamente a las creencias de los estudiantes sobre la vida social y los comportamientos de sus compañeros, especialmente en relación con el consumo de alcohol.

La importancia que tienen las comparaciones sociales en el desarrollo personal, en la evolución psicológica y la condición vital de los adolescentes y de los jóvenes es conocida. Ya desde Festinger (1954) conocemos la relevancia de la teoría de la comparación social, que destaca el impulso innato de las personas para evaluar sus opiniones y sus habilidades mediante la comparación con otra gente y el papel de los motivos relevantes en la conducta de la comparación social: la mejora personal, el mantenimiento de una autoevaluación positiva, los componentes de atribuciones y validación y la necesidad de cierre cognitivo. Generalmente, las comparaciones sociales con otros sujetos que poseen una situación mejor, denominadas comparaciones ascendentes, pueden bajar la autoestima; mientras que las comparaciones descendentes (sujetos de peor situación o estatus) pueden subirla. Aunque, según otros autores, las comparaciones sociales ascendentes se hacen como método de autoevaluación con la expectativa de que también se origine una mejora personal. Sin embargo, se ha observado que estos mecanismos pueden ser perjudiciales cuando la evaluación efectuada sobre uno mismo es negativa de forma reiterada, afectando a nuestra autoestima.

Según Festinger, las comparaciones sociales con sujetos muy distantes de nuestra condición social no aportarían información útil, por lo que suelen ser evitadas. Swallow y Kuiper (1988) proponen que las personas con tendencia a la depresión fallan en este principio, comparándose con gente mucho mejor que ellas.

Las plataformas de redes sociales constituyen una fuente de información respecto a sí mismo cada vez más relevante, con una importante influencia en el bienestar personal. Por ejemplo, en el estudio realizado por Antheunis et al.(2016) se muestra que el papel de las redes sociales en la vida social de los adolescentes es positivo, al menos en lo que respecta a la calidad de la amistad y el capital social. Pero, de otra parte, a pesar de que la autopresentación que manejan los adolescentes en las redes sociales está relacionada positivamente con su autoestima, a través de su percepción de popularidad en línea (por ejemplo, recibir «me gusta»), esta búsqueda de valoración positiva mediante el feedback recibido de otros también parece provocar una mayor dependencia de la aprobación social, que igualmente se relaciona con una disminución de la autoestima (Meeus et al., 2019). Si no se consigue tener una validación positiva por parte de los demás para poder configurar una visión propia positiva , no se logrará desarrollar una buena autoestima. En otros estudios más recientes se observa que las personas que utilizan Facebook en forma pasiva, tienden a realizar más comparaciones sociales ascendentes, lo que correlaciona estas conductas con menor sensación de bienestar y menor autoestima (Schmuck et al., 2019)

En la revisión que realizaron Rodríguez y Caño (2012) encontraron que la autoestima es un factor de vulnerabilidad crítico que afecta al ajuste psicológico y social. Así, niveles bajos en la autoestima o autoconcepto de los jóvenes se han asociado con una serie de síntomas psicopatológicos entre otros, con reacciones de ansiedad, síntomas depresivos, desesperanza y tendencias suicidas entre otras. Estos factores influyen notablemente en el hecho de que los adolescentes manifiestan sentir la tristeza con mayor intensidad, confirmándose que es una etapa en la que se produce una reactivación de la vida afectiva (Siverio y García, 2007).

Entre los antecedentes de especial interés en el contexto de esta nueva investigación, hay autores como Guinta y John (2018) que citaban otros estudios en los que se describían el concepto de «depresión de Facebook», el cual se gestó por primera vez en 2011 y se define como la depresión que comienza con una cantidad extrema de uso de las redes sociales y el desarrollo posterior de los síntomas clásicos de la depresión (O’Keeffe & Clarke-Pearson, 2011), y el concepto de “envidia de Facebook” que se desarrolla cuando los usuarios se comparan con los demás y puede conducir a una satisfacción vital dañina entre los adolescentes (Tandoc, Ferrucci y Duffy, 2015). Por otra parte, sin dejar de subrayar el impacto negativo de Facebook en la salud mental de los jóvenes, no podemos generalizar estos análisis al conjunto de usos de medios y recursos TIC que nos permiten Internet y los dispositivos móviles. Otros estudios como el de Orben y Przybylski, (2019) sugieren, a partir de un ambicioso análisis de datos, que «la asociación entre el uso de la tecnología digital y el bienestar de los adolescentes es negativa pero pequeña», ya que tan solo explica, como máximo, un 0,4% en la variación del bienestar, lo que lleva los investigadores a afirmar que «estos efectos son demasiado pequeños para justificar un cambio de política“ .

Estos resultados de Braghieri, Levy y Makarin (2021) están en línea con las hipótesis de que medios como las plataformas de redes sociales han desempeñado un papel en el aumento de las enfermedades mentales entre los adolescentes y los adultos jóvenes en las últimas dos décadas. Evidentemente, tal y como exponen estos autores, “nuestros resultados no implican que los efectos generales de las redes sociales sobre el bienestar sean necesariamente negativos”. De hecho la razón principal más común para utilizar las redes sociales es mantenerse en contacto con la familia y los amigos y, como destacan otros autores, se confirma que las redes sociales son fundamentales para la conexión e integración con los semejantes (Guinta & John, 2018).

REFERENCIAS:

Antheunis, M.L., Schouten, A.P., & Krahmer, E. (2016) The role of social networking sites in early adolescents’ social lives. Journal of Early Adolescence, 36(3), 348–371. (First Published December 22, 2014)

Braghieri, L.; Levy, R. and Makarin, A. (2021) Social Media and Mental Health (August 12, 2021). Available at Social Science Research Network (SSRN): ssrn.com/abstract=3919760 )

Guinta, M.R. & John, R. M. (2018). Social Media and Adolescent Health. Pediatric Nursing 44(4), 196- 201

Meeus, A., Beullens, K., & Eggermont, S. (2019). Like me (please?): Connecting online self-presentation to pre- and early adolescents’ self-esteem. New Media and Society, 21(11–12), 2386–2403.

NSDUH (2019). 2002–2019 National Survey on Drug Use and Health Final Analytic File (Codebook). bit.ly/3e1d8Sg

Orben, A. y Przybylski, A.K. (2019) The association between adolescent well-being and digital technology use. NATURE Human Behaviour. volume 3, pages 173–182 (2019)

Rodríguez Naranjo, C.; Caño González, A. (2012) Autoestima en la adolescencia: análisis y estrategias de intervención. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, vol. 12, núm. 3, 2012, pp. 389-403 www.redalyc.org/articulo.oa?id=56024657005

Schmuck, D., Karsay, K., Matthes, J., & Stevic, A. (2019). “Looking Up and Feeling Down”. The influence of mobile social networking site use on upward social comparison, self-esteem, and well-being of adult smartphone users. Telematics and Informatics, 42, 101240.

Siverio Eusebio, M.A. y García Hernández, M.D. (2007) ¿Es la adolescencia una etapa conflictiva para los propios adolescentes?: Tristeza, inadaptación y género. INFOCOP ONLINE | 27/06/2007. ISSN 1886-1385 (Accesible en: www.infocop.es/view_article.asp?id=1443)

Swallow, S. R., & Kuiper, N. A. (1988). Social comparison and negative self-evaluations: An application to depression. Clinical Psychology Review, 8(1), 55-76

Twenge, J. M. (2017). iGen: Why Today’s Super-Connected Kids Are Growing Up Less Rebellious, More Tolerant, Less Happy–and Completely Unprepared for Adulthood–and What That Means for the Rest of Us. Simon and Schuster.

Twenge, J. M. and W. K. Campbell (2019). Media use is linked to lower psychological wellbeing: evidence from three datasets. Psychiatric Quarterly 90(2), 311–331.

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